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Osama bin Laden dejó su huella de terror en la primera década del Siglo XXI

Su figura marcó a fuego la primera década del Siglo XXI, iniciada con los ataques del 11 de septiembre de 2001. Desde entonces, y hasta su muerte el pasado 1 de mayo, el mundo estuvo bajo el destello de su mirada. Parece mentira que ese viejo desgarbado, mirando sus propios videos en una sucia habitación, días antes de morir, sea Osama Bin Laden, el terrorista más temido del mundo.
Nadie esperaba el terror que se avasalló sobre New York la soleada mañana del 11 de septiembre de 2001.
Las dos torres del World Trade Center se desplomaron tras ser impactadas por dos aviones comerciales que habían sido secuestrados por terroristas a las órdenes de Bin Laden.
Otro avión se estrelló minutos después en el Pentágono, en Washington, DC. Y otro avión cayó en un campo en Pennsylvania. En total, murieron cerca de 3,000 personas.
A partir de entonces, el mundo fue otro. La inocencia comenzó a ser cosa del pasado y el terror, comezó a apoderarse del presente.
El ex muyahedin que luchó contra la invasión rusa en Afganistán, y que fue entrenado por Estados Unidos, se convirtió en una especie de monstruo, como 'Frankenstein', quien se volvió contra su creador. Osama Bin Laden fue la figura detrás de los ataques y por los próximos diez años, estaría al frente de una campaña de terror contra Estados Unidos y sus aliados.
El presidente George W. Bush ordenó la invasión de Afganistán para acabar con el Mullah Omar y los talibanes, sospechados de darle refugio a Bin Laden. Más de 80 mil soldados de EU y la coalición atacaron Kabul y otras ciudades.
Comenzaba así una era de guerras que le costaría millones y millones de dólares y miles de soldados muertos a Estados Unidos, además del dolor y la destrucción en los países invadidos.
De repente, Afganistán, un país milenario, vio cambiar su fisonomía con la presencia de soldados de la coalición, encabezados por Estados Unidos.
Bin Laden, en tanto, se responsabilizaba por los ataques de septiembre en represalia por el trato preferencial de EU hacia Israel en detrimento del pueblo palestino.
Los bombardeos comenzaron a tronar en Kabul y Kandahar, bastiones del Talibán. Y las víctimas no se hicieron esperar, muchas de ellas civiles que nada tenían que ver con el conflicto.
Pero luego, en marzo de 2003, le llegó el turno a Irak. Bush ordenó la invasión ante la certeza -que más tarde fue reconocida como una mentira- de que Saddam Hussein poseía armas de destrucción masiva. La noche de Bagdad se iluminó con las bombas.
Bush estaba decidido a darle batalla al terrorismo. Y su doctrina del 'ataque preventivo' marcó sus dos mandatos. La idea era dar con Hussein, acusado además de tener vinculación con Bin Laden y al Qaeda, datos que también resultaron mentiras.
El mundo veía cómo Estados Unidos estaba metido en dos guerras. Y muchos países comenzaron a alejarse de EU en protesta por las invasiones. Estados Unidos comenzó a ser visto como un estado agresor, movilizado por el aparato bélico con Donald Rumsfeld a la cabeza.
Al fervor inicial por la llegada de las fuerzas norteamericanas en Irak se le sumó el temor de que las cosas no eran tan simples. Y que la resistencia podía causarle estragos a EU, tal como sucedió en Vietnam.
La idea era dar con Hussein, ganarse el apoyo de la gente y aplastar a la resistencia.
Bin Laden, en tanto, no era hallado en ninguna parte. Se dice que mientras estuvo en unas cuevas en Tora Bora, en Afganistán, los norteamericanos casi lo pescan, Pero escapó y no se supo de su escondite hasta que fue acribillado el 1 de mayo pasado en Abbottabad, Pakistán.
La guerra no era convencional ya que por primera vez, se luchaba contra células terroristas y no contra un país en particular. Los guerrilleros de al Qaeda estaban siendo entrenados a morir en la 'Yidah', la 'Guerra Santa'. Y sus tácticas de ataques suicidas causaron cientos de bajas, no solo de soldados sino de civiles.
El FBI puso a Osama Bin Laden al tope de la lista de los más buscados. Lo cierto es que nadie sabía dónde estaba el líder terrorista. Y no había ni siquiera pistas.
El snetimiento antinorteamericano comenzó a propagarse en los países árabes. Como gasolina al fuego, los abusos de prisioneros en Irak aumentaron el odio hacia Bush y Estados Unidos. De repente, el mundo se dividía entre 'ellos' y 'nosotros'.
Mientras tanto, y en respuesta a medidas impulsadas por Estados Unidos, la seguridad fue reforzada y para siempre en los aeropuertos de todo el mundo. Volar dejó de ser un placer para los pasajeros y se convirtió en un dolor de cabeza.
Tanto en EU como en el mundo, los aeropuertos debieron adquirir máquinas de rayos x para detectar explosivos en los equipajes de los pasajeros, similares a los usados en los secuestrros de los aviones que se estrellaron en New York, Washington y Pennsylvania.
El presidente Bush, con dos guerras en el exterior, ordenó una especie de 'guerra interna' para espiar al pueblo estadounidense con la esperanza de descubrir posibles células terroristas.
Fue así que Bush impuso el 'Acta Patriota', una ley que fue aprobada por el Congreso, y que otorgaba facultades extremas al estado en nombre de la seguridad y a costas de las libertades civiles. Se creó el departamento de Seguridad Nacional para aglomerar a las agencias que trabajaban en el tema.
El Acta Patriota autorizaba, entre otras cosas, a que el gobierno espiara lo que los usuarios de bibliotecas leían. El país de la libertad dejó de serlo.
Pero los tentáculos de al Qaeda no se quedaron quietos. El 11 de marzo de 2004, la central de trenes Atocha, en Madrid, fue blanco de un ataque terrorista que dejó 191 muertos y casi 2,000 heridos.
Al Qaeda demostró que podía sorprender en cualquier parte del mundo. Y lo ocurrido en Atocha extendió el estado de temor en el planeta.
Bin Laden seguía sin dar señales de vida y continuaba escondido en alguna cueva en Pakistán o Afganistán. El terrorista más buscado del mundo manejaba su red sin ser 'pescado' por la inteligtencia norteameriana.
La seguridad se vio reforzada en las grandes ciudades del mundo ante otro posible ataque de al Qaeda. De pronto, el mundo se llenó de miedo.
Hasta las bolsas del mercado mundial sintieron los coletazos del terrorismo y bajaron estrepitosamente en sus índices.
La sombra de Bin Laden se levantaba sobre el mundo que era testigo de su fanatismo religioso y bélico contra EU.
Su figura comenzó a crecer en los países árabes, que veían en el líder terrorista a una especie de 'mesías' salvador que luchaba contra el imperio del diablo, encabezado por el propio Bush.
El 7 de julio de 2005, cuatro bombas detonaron en el subte londinense, causando 56 muertos, cuatro de ellos bomberos.
Otra vez, el terror se apoderó del mundo. Nadie estaba a salvo. Y la guerra continuaba, de un lado como del otro.
Mientras tanto, en Irak, Saddam Hussein, quien había sido apresado por las fuerzas norteamericanas escondido en un pozo, fue condeando a la horca por la justicia iraquí.
El 30 de diciembre de 2006, Hussein fue ahorcado en un lugar secreto en Irak. Imágenes del ahorcamiento tomadas por un celular dieron la vuelta al mundo. Poco después, se confirmaba que no tenía armas de destrucción masiva y que todo fue una mentira como excusa para invadir el país.
El 26 de noviemnbre de 2008, Bombai, India, fue el blanco del terrorismo con varios ataques suicidas en simultáneo. Murieron 164 personas y hubo cientos de heridos.
En tanto, las guerras en Irak y Afganistán seguían su curso.
Se estima que hasta un millón de víctimas civiles han perecido solo en Irak. El costo humano de la guerra no tiene límites ni precio. Y los más vulnerables, como los niños, fueron quienes más sufrieron el azote.
Por el lado de Estados Unidos, el funcionamiento de la prisión de Guantánamo, en el extremo este de Cuba, comenzó a ser una espina en el talón del gobierno de Bush, quien había abierto la prisión para alojar a los sospechosos de terrorismo, privándolos de acceso a una defensa, como ocurre en la parte continental de EU.
Cerca de 1,000 reclusos, sin defensa, llegaron a ser alojados en la notoria prisión, donde fue autorizado el simulacro de ahogamiento como técnica interrogatoria.
La llegada en 2009 de Barack Obama a la Casa Blanca restauró un poco la imagen de Estados Unidos en el mundo con sus promesas de terminar con las guerras, cerrar Guantánamo y dar con Bin Laden.
El primer presidente afroamericano en la historia del país anunció el fin de la guerra en Irak y el retiro de tropas de combate en Afganistán para mediados de 2011.
La guerra contra Bin Laden generó inestabilidad en Medio Oriente lo que puso el precio del petróleo por los cielos. Se puede decir que Bin Laden hasta influyó en el precio de la gasolina.
Finalmente, y tras diez años de terror y muerte, Osama Bin Laden fue abatido de dos balazos en una casona en Abbottabad, Pakistán. El mundo respiró tranquilo. Pero ya no es el mismo. Las huellas dejadas por este hombre saudita de 54 años marcaron a fuego al planeta entero.

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